martes, 8 de septiembre de 2009
domingo, 6 de septiembre de 2009
FACILITA LA VIDA DE LOS OTROS

"Bella tarea es aquella que facilita la vida de los otros.
Gentil acto es aquel que facilita la vida de los otros.
Noble y gracioso movimiento el del pie o de la mano
que remueven el obstáculo puesto por la Naturaleza
o por los hombres en medio del camino: desde la
corteza de fruta en que se resbala, hasta la rama de
espino que desgarra las carnes; desde el guijarro
puntiagudo hasta las lianas que cierran los senderos
y que a través de ellos parecen serpientes.
¡Qué alegre, qué ágil marcha el que va apartando de
los caminos y las veredas todo lo que es impedimento
y obstáculo para la marcha de los otros!
Cantando va el peregrino.
Sin sentir recorre las rutas, y al atardecer se da cuenta,
con jubilosa sorpresa, de que al apartar y remover los
obstáculos que entorpecían los caminos de los otros,
él despejó maravillosamente su propio camino."
Eduardo Galeano
sábado, 5 de septiembre de 2009
POEMA DE GRATITUD

Señor Jesús, ¡ muchas gracias!
Por el aire que nos das,
por el pan que nos diste,
por la ropa que nos viste,
por la alegría que poseemos,
por todo de lo que nos nutrimos.
Muchas gracias, por la belleza del paisaje,
por las aves que vuelan en el cielo añil,
¡por Tus dadivas mil!
¡Muchas gracias, Señor!
Por los ojos que tenemos...
ojos que ven el cielo, que ven la tierra y el mar,
¡ que contemplan toda la belleza!
Ojos que se iluminan de amor
ante el majestuoso festival de color
¡de la generosa Naturaleza!
¿Y los que perdieron la visión?
Déjame rogar por ellos
¡A Tú noble Corazón!
Yo sé que después de esta vida,
más allá de la muerte,
volverán a ver con alegría incontenida...
Muchas gracias por mis oídos
por los oídos que me fueron dados por Dios.
Agradecida, Señor, porque puedo escuchar
Tú nombre sublime y, así, puedo amar.
Agradecida por los oídos que registran:
la sinfonía de la vida, en el trabajo, en el dolor, en la lidia
el gemido y el canto del viento en las ramas del olmo,
las lágrimas doloridas del mundo entero
y la voz lejana del cancionero...
¿Y los que perdieron la facultad de escuchar?
Déjame por ellos rogar...
Yo sé que en Tú Reino volverán a soñar.
Agradecida, Señor, por mi voz.
Pero también por la voz que ama,
por la voz que canta,
por la voz que ayuda,
por la voz que socorre
por la voz que enseña,
por la voz que ilumina...
Y por la voz que habla de amor,
¡agradecida, Señor!
Me acuerdo, sufriendo, de aquellos
que perdieron el don de hablar
¡y tu nombre tan siquiera pueden pronunciar!...
Los que viven atormentados en la mudez
y no pueden cantar ni a la noche, ni al día...
Yo suplico por ellos,
sabiendo que más tarde,
en Tú Reino, volverán a hablar
Agradecida, Señor, por estas manos, que son mías
alabanzas de la acción, del progreso, de la redención.
Agradezco las manos que indican adioses,
por las manos que dan ternura,
y que socorren en la amargura;
por las manos que acarician
por las manos que elaboran las leyes
y por las que las heridas cicatrizan
rectificando las carnes partidas,
¡ a fin de que disminuyan los dolores de muchas vidas!
Por las manos que trabajan el suelo,
que amparan el sufrimiento y paran lágrimas,
por las manos que ayudan a los que sufren, los que padecen...
Por las manos que brillan en estos trazos,
¡como estrellas sublimes iluminando en mis brazos!
... Y por los pies que me llevan a marchar,
erecta, firme para caminar,
pies de la renuncia que siguen
humildes y nobles sin protestar.
Y los que están amputados, estropeados
los heridos y los deformados,
los que están retenidos en la expiación
que en Tú Reino, después de la lidia
de esta dolorosa vida, podrán bailar.
y en transportes sublimes con sus brazos también acariciar.
Sé que allá todo es posible
cuando Tú quieres ofrecer,
¡incluso lo que en la Tierra parece increible!
Agradecida, Señor, por mi hogar,
el rincón de paz o escuela de amor,
la mansión de gloria
el pequeño cuartito,
¡el palacio o la casa en ruina, el tugurio o la casa de miseria!
Agradecida, Señor, por el amor que yo tengo y
por el hogar que es mío...
ni un hogar allá tuviera,
el techo amigo para abrigarme
ni otra cosa para acomodarme,
Si yo no poseyera nada,
sino los caminos y las estrellas del cielo,
siendo el lecho de reposo y la suave sábana,
si a mi lado nadie existiera, viviendo y llorando sola, al descubierto...
Sin nadie para consolarme,
diré, cantaré aun:
Agradecida, Señor,
porque Te amo y sé que me amas,
porque me diste la vida
jovial, alegre, por Tú amor favorecida...
Gracias, Señor, porque creo en Ti...
...Y porque me socorres con amor,
Hoy y siempre,
¡Agradecida, Señor!
Divaldo Pereira Franco por Amélia Rodrigues